
(...) No le podemos pedir a el Estado burgués que nos organice a la clase trabajadora para darle el golpe, no podemos ser tan ingenuos o tan cómodos; es por eso que los comunistas no estamos decepcionados de Correa, no podemos estar decepcionados de nada porque no esperábamos nada en particular, tan solo confiábamos en poder alcanzar espacios y capacidad de gestión para incrementar nuestras competencias como Partido, utilizando lo que esté al alcance. Si imaginamos que el capitalismo es un barco, las elecciones y las conquistas electorales sólo promueven un cambio de capitán, pero su motor seguirá siendo el mismo; por ello nuestra tarea es organizarnos, no en contra del capitán que ha parado la hélice del motor pero que no ha decidido desmontarlo, sino aprovechar que el motor está parado o caminando lento para desarmarlo y navegar con nuestros propios remos.

La táctica no es, pues, algo separado de la doctrina; todo lo contrario, la táctica no admite concesiones ideológicas pero se define como un proceso flexible proyectado a los fines últimos de la organización.
(...) En definitiva, en términos económicos, sería imposible para el Ecuador avanzar más de lo que hemos avanzado hasta hoy, claro que cualquier pseudo revolucionario creerá que nadie aprueba el examen de turbiedad política y lanzará un feroz discurso sin plasmar una verdadera propuesta de economía política aplicable a las condiciones reales del mercado nacional e internacional como ocurrió en Rusia o Cuba.
En la Revolución Rusa se reconocen las más variadas formas económicas: régimen agrícola patriarcal, pequeña producción agraria para el mercado, capitalismo privado, capitalismo de Estado, socialismo. Y con esa experiencia, en un primer paso la lucha económica no se plantea como el paso inmediato al socialismo sino a la socialización y la organización de los procesos entendiendo las limitaciones sobre el poder político, comercial y financiero. Actuar de otra manera solo generaría la baja en la producción, el levantamiento angustioso del pueblo y cederle el poder a los que antes lo tenían, renunciando a las pocas conquistas alcanzadas y a las posibilidades reales de organizarnos y caminar en la construcción de la revolución y de los poderes.